

Electrodos en el cerebro para mitigar el síndrome de Tourette grave: “Los tics más fuertes, junto con gritos y golpes, empezaron a menguar”


La vida de Josep (nombre ficticio) no era vida. Hasta hace poco más de año y medio, el gravísimo síndrome de Tourette que padecía el joven, que hoy tiene 21 años, lo limitaba completamente. Con fortísimos tics motores y vocales, incapaz de controlar gritos, palabras y gestos obscenos e inapropiados, apenas se movía de casa. Salir a la calle, fuera de su círculo más cercano, era una odisea. “Estaba muy mal porque tenía una barbaridad de tics y de todo. Estar en un lugar público me generaba mucha tensión porque tenía miedo de que me saliera algún tic y la gente me dijera algo”, cuenta. El Tourette, una enfermedad neurológica atravesada por síntomas complejos y extremadamente estigmatizantes, le estaba haciendo la vida imposible y no había fármacos capaces de ayudarle.


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